La raza

Estamos, sin duda, ante una de las razas de gatos más conocida y admirada del mundo.

Procedente de la antigua Persia (actualmente Irán), no llegará a Europa hasta principios del siglo XVIII (Italia primero, Francia e Inglaterra después) donde, por su finura y elegancia, fueron muy codiciados por los aristócratas del momento.

El Gato Persa se caracteríza por su largo y denso pelaje, su cara ancha, su nariz chata, sus ojos redondos y sus pequeñas orejas.

De temperamento tranquilo y bonachón, son perfectos para convivir con otras mascotas y con personas de cualquier edad. El gato persa es un excelente compañero, juguetón (aún de adulto), fiel, cariñoso y de buen temperamento.

El gato persa es ideal para vivir en un piso o en una casa, es la alternativa perfecta para los ancianos que no pueden tener otra mascota más grande o que requiera muchos cuidados. El gato persa será el aliado de los que no son muy activos, porque suele ser algo perezoso, prefiriendo una buena siesta acurrucado en el sofá que una tarde de actividades al aire libre con niños y juegos.

El gato persa no es muy bullicioso, su maullido es suave pero no “habla” demasiado, sólo lo necesario, si tiene hambre por ejemplo. El amor que ofrece a sus dueños es incondicional.

El carácter del gato persa está compuesto por las siguientes características: tranquilidad, inteligencia, docilidad y amabilidad. No es un gato cazador. El ambiente ideal para que viva en perfectas condiciones es un piso en la ciudad. La conducta del gato persa, entonces, lo convierte en un animal perfecto para las personas que no salen mucho los fines de semana, o que no reciben demasiadas visitas, así como los que disfrutan de una película o un libro en el sofá en lugar de hacer gimnasia o limpiar enérgicamente el hogar.

Por su aspecto físico “esponjoso”, muchos dicen que el gato persa es un “gato almohadón”, también debido a que es muy tranquilo, perezoso y dormilón. No habrá ningún problema con él en casa.